domingo, 13 de septiembre de 2009

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Todo. Todo pasa. Todo pasa tan rápido. Todo.


No tengo tiempo ni de pensarlo. En un segundo todo se termina. ¿Y qué mierda es un segundo? No es nada. Es nuestra vida. Y no es nada. Sólo eso. Un segundo. Millones de segundos para que pase todo y todo pasa tan rápido.



Ayer era chico, hoy no, y mañana voy a estar muerto. Todo en un segundo. En un pestañeo. No me puedo poner a pensar en las cosas. Si lo hago pierdo tiempo. O hago las cosas o las pienso. No puedo hacer todo. Cada vez es menos tiempo. Los segundos pasan. Y yo nunca llego primero.


A Funes el memorioso le llevaba treinta minutos de su vida recordar treinta minutos de su vida. Recordaba cada segundo. ¿Y eso valía la pena?


“Todo pasa, pasa de todo pero todo pasa.”
¿Por qué lo malo dura tanto y lo bueno pasa tan rápido? Es una percepción. Una horrible percepción subjetiva que nos hace creer que un minuto de placer es mucho más corto que un minuto de dolor. Tal vez a veces el tiempo es algo mental. Un estado de la mente. Me cago en eso.
Una noche de amor y de placer dura sólo un par de horas. Unos minutos. Sólo son segundos cuando la recordás. Y una tarde de angustia es inacabable. Es eterna. Y recordás durante horas algo que sólo duró segundos. En el presente pensás en algo del pasado que te arruinó el futuro. Una puta decisión. Fue sólo un segundo.
Los recuerdos nos recuerdan que todo lo vamos a recordar. Lo bueno y lo malo. Y que nada va a durar. Todo pasa tan rápido. Todo es nada.