jueves, 29 de abril de 2010

Era uno de tantos días en que cada
vez que lo miro, los ojos me brillan
y me dan ganas de decirle cuánto lo
quiero cada cinco segundos. No lo
hago, no se lo digo tan a menudo,
pero lo sabe. Sabe que lo quiero
como a nadie, y que me muero si
le pasa algo algún día. Estaba
hermoso, más de lo que alcanzo
a describir.