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Hay imágenes que regresan siempre, aún aquellas que juraste no volver a imaginar para sobrevivir. Hay objetos que, con vida propia, se aparecen cuando ya pensabas que se marcharon; aquellos que arrinconaste en lo más alto de los estantes y que guardaste en las cajas que sabes que existen pero que jamás abres. Poco importa: un día cualquiera vuelven y, desprevenida, la memoria da paso a una lágrima que ha formado un delicado torrente que empapa con emoción la imagen aún viva en tu memoria.