
No son pocas las veces que me dejas sin palabras, y tú y yo sabemos cual es la respuesta cuando callamos, cuando dejamos que el silencio se cuele entre las palabras dichas, y las no dichas. Me hipnotiza esperar palabras que sé que no van a llegar y que eso signifique más todavía; y me gusta que luches a esperar tú mis palabras, sabiendo de antemano que vas a ganar, porque todavía me falta experiencia en este juego.
A veces el silencio es un premio, un regalo inconsciente que se hace por no poder expresarse una con toda la claridad con la que le gustaría. Me provoca cierto nudo en la garganta decirte que te quiero sin palabras, pero tú sabes los momentos en los que eso sucede, igual que yo. Y en el fondo, aunque sin saber porqué, tú, igual que yo, recibes ese silencio acompañado de cierto escalofrío que te recorre el cuerpo y hace que sepas que en ese momento, las palabras se quedan pequeñas para decirte lo que sabes que quiero decirte.
Y es que, en esta historia, a veces las palabras no son suficientes, y en otras ocasiones sobran.
Respecto a ti, no me canso de decirte que te quiero, que te quiero es poco...
A veces el silencio es un premio, un regalo inconsciente que se hace por no poder expresarse una con toda la claridad con la que le gustaría. Me provoca cierto nudo en la garganta decirte que te quiero sin palabras, pero tú sabes los momentos en los que eso sucede, igual que yo. Y en el fondo, aunque sin saber porqué, tú, igual que yo, recibes ese silencio acompañado de cierto escalofrío que te recorre el cuerpo y hace que sepas que en ese momento, las palabras se quedan pequeñas para decirte lo que sabes que quiero decirte.
Y es que, en esta historia, a veces las palabras no son suficientes, y en otras ocasiones sobran.
Respecto a ti, no me canso de decirte que te quiero, que te quiero es poco...