Hace mucho, comenzaste de a poco plagando mi mente, como una mala canción que se pega, como un mal rec
uerdo que no se olvida. Pasaba el tiempo y ya no sólo eras el dueño de mis pensamientos, ahora también reinabas mis sueños. Me levantaba cada mañana pensando en vos, dormía cada noche rezando por vos. Yo dormía y vos me sonreías entre sueños. Yo soñaba y vos eras parte del sueño. Y no te alcanzó con tener mi mente y tener mis sueños, quisiste más. Entonces descifraste el código de seguridad que protegía a mi corazón con la facilidad de quien resuelve una ecuación, cuando aquella clave era la más díficil e indesifrable que alguna vez exisitió en mí. Pasaste sus barreras y cada rincón vacío lo llenaste de vos, cada hueco, cada lugar oscuro lo indudaste con tu dulce esencia de ángel. Pero quisiste ir por más, entonces caminaste por los senderos de mi alma, y como el sol más brillante iluminaste todo, no dejaste rastro de aquella temerosa oscuridad que reinaba en ella. Despejaste el camino,
hiciste más visible el sendero, te cercioraste de que yo no me vuelva a perder en mí. Y para entonces, ya habías invadido cada rincón de mi ser. No había lugar en el que no estés. Habías invadido mi cabeza, mi alma, mi corazón. Ya formabás parte de mi piel, eras como la sangre de mis venas, los huesos de mi cuerpo. Y yo no tenía escapatoria. Podría en cualquier momento desear el sacarte de mí, pero eso implicaría morir. Y creo que aún entonces, seguirías en mí. Ya no hay vuelta atrás, hace mucho éramos dos personas completamente paralelas... ahora somos un alma dividida en dos mitades.
uerdo que no se olvida. Pasaba el tiempo y ya no sólo eras el dueño de mis pensamientos, ahora también reinabas mis sueños. Me levantaba cada mañana pensando en vos, dormía cada noche rezando por vos. Yo dormía y vos me sonreías entre sueños. Yo soñaba y vos eras parte del sueño. Y no te alcanzó con tener mi mente y tener mis sueños, quisiste más. Entonces descifraste el código de seguridad que protegía a mi corazón con la facilidad de quien resuelve una ecuación, cuando aquella clave era la más díficil e indesifrable que alguna vez exisitió en mí. Pasaste sus barreras y cada rincón vacío lo llenaste de vos, cada hueco, cada lugar oscuro lo indudaste con tu dulce esencia de ángel. Pero quisiste ir por más, entonces caminaste por los senderos de mi alma, y como el sol más brillante iluminaste todo, no dejaste rastro de aquella temerosa oscuridad que reinaba en ella. Despejaste el camino,
hiciste más visible el sendero, te cercioraste de que yo no me vuelva a perder en mí. Y para entonces, ya habías invadido cada rincón de mi ser. No había lugar en el que no estés. Habías invadido mi cabeza, mi alma, mi corazón. Ya formabás parte de mi piel, eras como la sangre de mis venas, los huesos de mi cuerpo. Y yo no tenía escapatoria. Podría en cualquier momento desear el sacarte de mí, pero eso implicaría morir. Y creo que aún entonces, seguirías en mí. Ya no hay vuelta atrás, hace mucho éramos dos personas completamente paralelas... ahora somos un alma dividida en dos mitades.