lunes, 26 de abril de 2010

Hacía mucho tiempo que sabía que los príncipes azules -de relucientes armaduras y blancos corceles- no existían, pero conocía la existencia de las pequeñas ranas verdes que te hacen sentir como una princesa. Tenía tanta certeza en su presencia porque ella había encontrado la suya.
Una pequeña rana que no solo la había hecho sentir como una princesa y que la sorprendía con pequeños detalles más valiosos que cualquier reino lleno de riquezas, si no que además por primera vez en mucho tiempo le había hecho tener la certeza de que su amor era correspondido en igual medida.

Pero por culpa de ese miedo paralizador, de ese temor a dar un paso adelante, de cambiar las cosas, le había perdido; la pequeña rana había dado un gran salto y desaparecido, o al menos ya no aparecía de la misma manera que cuando la había hecho sentir una princesa de cuento de hadas.